lunes, 28 de mayo de 2012
Te envidio
Me han dicho que envidian mi vida. ¡Qué disparate!
Mi vida... !ja! Gran cosa es mi vida...
Llevaba un día horrible, mezcla de mil cosas y al querer finalizarlo la cama se ha vuelto mi enemiga.
¡Maldita! ¡Déjame dormir!
Pero no está por la labor de volverse cómoda esta noche para que yo pueda descansar de tanta mala suerte.
Tengo melodía de fondo. Los suspiros de mi bebé. Se me va el tiempo contemplándola, y la veo sonreír. Está soñando. Sueña cosas bonitas, porque así tienen que ser los sueños de los niños.
Sonríe porque es feliz. ¡Ay! Pero los niños también se desvelan. Y lloran porque estaban soñando felices y ya no. Buscan consuelo. Tras veinte minutos de llanto en la madrugada, porque tiene sed, tiene calor, o simplemente no encuentra la postura, por fin vuelve a encontrar el sueño. Vuelve a sonreír y se queda profundamente dormida.
Durante el tiempo que dura el llanto de la niña no hay ninguna preocupación más, solo importa ella. Y es cuando te olvidas que el mundo es un lugar horrible, y solo piensas en su bienestar.
Ahora recuerdo que envidiaban mi vida y por fin comprendo lo que quieren decir.
Sin embargo, cuando sale el sol, no han desaparecido los problemas que tenía ayer. Y sigo sufriendo una decepción tras otra y no es hasta que recibo otra dosis de sonrisas que me siento mejor.
El efecto, a pesar de lo bueno que es, es pasajero. Porque a ese angelito no le puedo ofrecer nada. No tengo nada por lo que sentirme orgullosa de mostrarle el día de mañana. Ahora lo único que necesita son besos, abrazos y juegos, con eso ya eres un héroe, pero los héroes están hechos de otra cosa.
Cuando sus sonrisas son llantos te sientes tan pequeño que los problemas se hacen todavía más grandes y se abalanzan sobre ti.
¿Y entonces? ¿Quién puede sentir envidia se sentirse así? De estar perdido.
Yo te envidio a ti, que has superado mil barreras. Que con cada piedra que la vida te ha puesto en el camino has vuelto a ponerte de pie. Que te has sabido entregar hasta las últimas consecuencias porque es así como hay que hacer las cosas aunque no salgan como esperamos.
Que has sacrificado tu vida para que la de los demás no tenga tantas cargas. Te envidio porque tienes coraje, valentía, autodeterminación... Porque la sinceridad y la lealtad a los tuyos los llevas por bandera.
Porque sabes que tienes el poder de hacer tu vida a tu manera, pero tienes que velar por los que están a tu lado.
Yo no he sabido luchar por mí sola, qué voy a hacer ahora que tengo que luchar por dos.
Aunque pensándolo bien, voy a dejar de envidiarte y voy a pasar a imitarte. Sólo que yo no quiero renunciar a la felicidad.
Ni a la mía, ni a la tuya. Porque te envidio, te admiro; Porque te admiro quiero tenerte cerca para seguir aprendiendo de ti. Y para ello te necesito feliz, vivo.
Te debo más de lo que imaginas. Y quiero que vuelvas a ser tú. Con tiempo, con paciencia, con pequeñas locuras. Porque aunque no sepa lo que somos, sé que te quiero en mi vida. No para que te enamores de mí, sino para que lo vuelvas a hacer de las cosas bonitas que hay.
Simplemente déjame intentarlo.
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