Una reflexión traída de fuera, que me ha quitado el sueño.
¿Por qué nos empeñamos en catalogar las relaciones? ¿Qué ganamos con decir éste o ésta es mi pareja?
Y con estas dos simples preguntas me he pasado casi toda la noche en vela, queriéndome aclarar, por qué yo lo tengo como premisa en mi vida.
Nadie tiene la verdad absoluta sobre las parejas, ni hay ningún sitio donde se diga cómo se tienen que hacer las cosas. Si todo va bien, ¿por qué debemos atormentarnos con más preguntas? Y ésto, lo digo por mí, y si alguien lo lleva a su reflexión particular que piense detenidamente si quiere estropear algo que funciona, y sobre todo, te hace feliz sólo porque es lo "normal" o es lo que "hace la gente".
Muchas veces necesitamos tener el control sobre lo que nos rodea, sin darnos cuenta que ni siquiera tenemos control sobre nosotros mismos.
No se trata sólo de escoger el camino fácil o difícil, se trata de andar por uno u otro sin tener que arrepentirte de nada, haciendo lo correcto, o por lo menos lo que te hace feliz.
Y a pesar de que seguramente muchos pensamos estas cosas alguna vez, o qué me importa lo que diga la gente..., tenemos momentos de debilidad en el pensamiento en los cuales nos dejamos llevar por "la masa" y hacemos lo "normal".
Es llevar las cosas al extremo en vez de disfrutarlas poco a poco. ¿De qué sirve llegar a la cima de una montaña en helicóptero si no has ido recibiendo la satisfacción propia que da el esfuerzo?
Y es lo que quiero aplicarme yo, sin darle consejos a nadie, pero a veces es necesario que haya alguien a nuestro lado que nos lo vaya recordando. Está bien aprender a volar solo, pero apoyarse en alguien no necesariamente significa debilidad.
Se pueden tener reacciones de enfado, de rabia e incluso ganas de llorar, porque sólo vemos lo negativo y no llegamos a ver lo bueno que sigue estando delante.
No es tarea fácil, pero no es imposible si uno se lo propone de verdad.
Se acabó el tiempo de reflexión, vendrán otros...
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